1959 TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN

1º De Enero, 1959

 

El primero de Enero, a pesar de las predicciones y de un anuncio del jabón Rina, dicho por Consuelito Vidal  de: “¡Ya falta poco!”y de la consigna  Cero tres C :   “Cero cine, cero compra y cero cabaret”, me cogió dormido y me imagino que a muchos también, pues cuando subí al ómnibus, la gente estaba tranquila. Claro, a mi me habían llamado por teléfono desde de la  revista.

 Al llegar, ya empezaba la cosa a alborotarse y Guillermo Cabrera Infante  me invitó para salir en su carro y recorrer La Habana.  Era un carro europeo convertible y me senté donde mejor me parecía para tomar fotos: en el guardafango. En el otro se sentó una muchacha, mulata clara, prostituta. Era conocida de nosotros, trabajaba en casa de La Negra. Guillermo no dijo nada y arrancó.

La Habana, era un hervidero de alegría. Era como un milagro.La vida iba a cambiar para siempre. Las personas se abrazaban y surgió una palabra que duró muchos años: Compañero.

Compañero para aquí, compañero para acá y sentías el amor, la franqueza  y la confianza de alguien en quien podías confiar. ¡Dios, qué era esto!Todos  éramos amigos, hermanos y nadie en el mundo podía quitarte el derecho a querer, como todos te querían a ti.

Bueno, quedaban  todavía  personas del antiguo  régimen. Nadie sabía dónde estaban; lo importante, por ahora, era romper  los parquímetros y las casas de juego y  localizar a los enemigos.

 Empezaron a quemarse, en la calle, las mesas de juego del Hotel Plaza, que regenteaba SantosTraficante:  Las del Capri, El Nacional, el Sevilla. Los parquímetros eran arrancados de cuajo y las monedas  corrían por el suelo. La consigna era mantener la calma y no agredir a nadie.

Así estaba la ciudad: entre  candela, euforia y disparos.  La alegría era inmensa y los disparos también.

Nuestro  carro  se dirigía a cuanto disturbio había. Todo para nada.

La perseguidora 80 está disparando a los ciudadanos  en Radio Caribe. Llegábamos y nada.

En la   Manzana de Gómez, los disparos salían de todos los lugares. Acribillaron  al pobre edificio. Yo corriendo y detrás de mí, la prostituta. Cuando me di cuenta que todos los disparos eran de  parte de nosotros, corrí hasta la puerta del edificio  y empecé a gritar: ¡Vamos a subir para sacarlos! (por supuesto ya me  había dado cuenta que  no había nadie). No sé  quién trató de detenerme y la prostituta, que tenía un machete en la mano, le dio un planazo y subimos por las escaleras. No encontramos nada  y bajamos,  y a todos estos héroes que subieron,  les hice esta fotografía a la entrada de la manzana de Gómez.

 


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